OIT: A 100 años de su creación, más vigente que nunca
Los orígenes de nuestra legislación laboral impulsados por movimientos sociales, que enfrentaban las transformaciones productivas de la época para mejorar las miserables condiciones laborales, están íntimamente vinculados con la creación en 1919 de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, que surge como parte del Tratado de Versalles, al término de la I Guerra Mundial.
La gran mayoría de los países habían adquirido la convicción que la justicia social es esencial para alcanzar una paz universal y permanente. Y claro, tenían razón. Más aún, a 100 años de creada la OIT esa convicción parece haberse acrecentado pues hoy también podemos sostener que la justicia social es esencial –también- para el fortalecimiento de nuestras democracias, hábitat irremplazable para lograr el tan anhelado desarrollo y crecimiento que alcance a la sociedad en su conjunto.
Fiel a los valores que la inspiraron, en su centenario la OIT ha dado a conocer el Informe “Trabajar para un Futuro más Prometedor”, encargado a la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo, en el cual se propone fortalecer el diálogo social entre Gobiernos, Organizaciones de Empleadores y de Trabajadores; revitalizando un contrato social que permita asegurar a los trabajadores una participación justa en el progreso económico, el respeto de sus derechos y la protección de los riesgos a que se exponen a cambio de su permanente contribución a la economía.
En ese sentido se propone una agenda que fortalezca la interacción social, situando a las personas y el trabajo que realizan no solo en el centro de las políticas económicas y sociales, sino también de la práctica empresarial. Asimismo, impulsar políticas públicas y programas cuya implementación conjunta permitirían crecimiento, igualdad y sostenibilidad. Son muchas las medidas que se recomiendan, entre éstas, se reivindica la capacitación como un derecho al aprendizaje a lo largo de toda la vida laboral y se reafirma la importancia de abordar seriamente la igualdad de género, impulsando la corresponsabilidad parental, pero también el fortalecimiento de la voz de las mujeres y auténticas políticas corporativas que eliminen toda forma de violencia y de acoso en el trabajo.
Reconocen, eso sí, la necesidad de contar con sistemas de protección social sólidos, basados en principios de solidaridad y de reparto de riesgos que acompañen a las personas a lo largo de su ciclo vital. Todos los trabajadores debieran tener garantizado y disfrutar de derechos fundamentales del trabajo. Sin duda reconocerles autonomía respecto de su tiempo, la tan anhelada flexibilidad laboral, la que debe ser debidamente regulada, recogiendo sus perspectivas y necesidades y un límite de horas que garantice efectivamente opciones reales de flexibilidad. Se entiende como necesario, entonces, garantizar por parte de los Estados el diálogo social como un bien público, en el que la libertad sindical y el derecho a negociar colectivamente se fortalezca a través de políticas públicas.
Cuando hoy en nuestro país se vuelve a abrir un debate sobre legislación laboral y sistema de pensiones parece tremendamente importante, más allá de las ideologías, de la coyuntura, de los intereses y visiones que podamos tener; leer y analizar este Informe de la OIT para -a partir de sus recomendaciones- buscar los acuerdos que el bien común y el futuro de nuestro país requieren. Como, sin duda no podemos eludir las transformaciones que estamos experimentando, no sólo del mercado del trabajo, sino económicas, culturales, sociales, y nuevas realidades como inteligencia artificial, robotización, automatización, economías verdes, tecnologías limpias, cambios demográficos, entre otras; me asiste la convicción que las soluciones conjuntas entre empleadores y trabajadores -debidamente recogidas por el Gobierno y actores políticos- son indestructibles y, por lo mismo, tenemos un desafío compartido que debe ser impulsado poniendo a las personas en el centro de las decisiones.
No perdamos la oportunidad de aportar para un crecimiento y desarrollo auténticamente sostenible, justo y equitativo para todos. La OIT, con su experiencia de 100 años, nos entrega un buen abanico de ideas inspiradoras.